La vida en la naturaleza y el contacto con las experiencias al aire libre se imponen en la actualidad, como modalidades educativas que favorecen el conocimiento y preservación del medio ambiente y la conciencia ecológica. La reflexión que permite la vida en el medio natural, pone en juego actitudes basadas en la cooperación, el respeto, la solidaridad, la protección, la tolerancia todas valoradas como indispensables para la vida en interacción e interacción con otros, en un contexto natural.
El aprendizaje de la vida en la naturaleza, a su vez, propende por medio de vivencias intensas, a la contracción de la autonomía en sus diversos sentidos, en especial cuando se favorece la participación en las actividades de programación, organización y selección de alternativas.
El potencial educativo es extenso e intenso, sobre todo porque facilita el retorno a situaciones inhabituales. Su carácter intrínseco y motivante promueve un clima de alto compromiso e implicancia personal con valores que se relacionan con la sustentabilidad de la propia vida y de los ecosistemas en los que actuamos.
Las experiencias en ambientes naturales constituyen excelentes oportunidades para abordar los contenidos referidos a la salud corporal, la postura, los hábitos y costumbres higiénicos y alimentarios.
El contacto con la naturaleza favorece el aspecto perceptivo brindando un espacio para percibir, vivenciar y respetar las manifestaciones estéticas del entorno natural.
El proceso de búsqueda y selección de la información requiere una permanente utilización de los sentidos para revelar impresiones, sensaciones, emociones, datos, registro que, desde cada uno de los lenguajes expresivos desarrollarán la capacidad de la percepción.

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